miércoles, 20 de marzo de 2013

Es Bueno para hostigar y Bueno para los negocios

Poc más de 54 millones de pesos en tres meses, nada mal

 
 
"Gracias a la libertad de expresión hoy ya es posible decir que un gobernante es un inútil sin que nos pase nada. Al gobernante tampoco."
Jaume Perich, humorista catalán

Perforando
Antonio Carrera

Haciendo uso de mi derecho como comunicador me solidarizo con la compañera Ana Lilia Pérez, quién desde el exilio en Alemania, mandó una carta para denunciar el acoso que el actual diputado del PAN, Juan Bueno Torio, sigue haciendo a su labor periodística.
La autora de libros como El Cártel Negro y Camisas Azules, Manos Negras, envió una carta que algunos medios reprodujeron. En síntesis, el escrito habla sobre la demanda que este personaje de la política -muy ligado a la familia de Vicente Fox Quesada- cuyo fin es inhibir y menguar la independencia intelectual para ejercer el periodismo crítico.
Ana Lilia Pérez se ha caracterizado por ser una de las más críticas periodistas de la corrupción que impera en Pemex, y de esta no se ha escapado Bueno Torio, cuyo nombre aparece en el primer libro citado de la periodista.
Y es que Bueno Torio no es una perita en dulce ni una blanca paloma, esto ha sido documentando no sólo por la citada investigadora, sino por diversos medios entre ellos los veracruzanos de donde es originario el legislador.
El año 2011, a raíz de un derrame más de 80 mil litros de crudo al río Coatzacoalcos el último día del mes de diciembre, Pemex Refinación –que fue dirigida entre el año 2003 y 2006 por Bueno Torio- contrató los servicios de una empresa denominada CAPRIMEX (Constructoras Asociadas en Proyectos de Remediación para la Industria Mexicana) que uno de estos medios ligó de manera inmediata con el legislador panista.
La liga entre el legislador y la empresa, según la versión periodística, es que tanto la empresa como Bueno Torio son originarios de Córdoba, Veracruz, y la empresa -según información oficial- nunca había ejercido un contrato de tal magnitud por lo que dio pie a la sospecha.
Sobre todo cuando se trata de un contrato donde se ejercieron de manera oficial 54 millones 877 mil 677.68 pesos, que nunca había  visto la empresa CAPRIMEX en su historial de contrataciones.
El derrame en la madrugada del 31 de diciembre de 2011 en Nanchital, supuestamente causado por la ordeña a ductos de la delincuencia organizada, nos indica que la corrupción sigue al interior de PEMEX y no se entiende cómo una empresa llamada CAPRIMEX, derivada de la construcción y de supervisión de ingenios cañeros, con sede en Córdoba fue la encargada de limpiar la porquería derramada en el río Coatzacoalcos.
Los más de 54 millones de pesos ejercieron en una sola estimación entre el 2 de enero y el 9 de marzo de 2012; es decir en poco más de 60 días la empresa ejecutó los trabajos de limpieza y remediación del área contaminada.
La información señala que la empresa utilizó a siete especialista o técnicos ambientales, todos dirigidos por Alfonso Rosas Solís, quien posee estudios en la universidad Harvard, en Estados Unidos.
PEP señaló que la empresa CAPRIMEX utilizó en promedio a 169 personas diarias durante el tiempo que ejerció el contrato SAF-GCOP-SCAR-GTD-32-2012.
En COMPRANET la empresa aparece con pequeños contratos y ninguno sobrepasa ni el millón de pesos, pero los directivos de Pemex Refinación, le confiaron los trabajos de remediación ambiental, que fue denunciando por la ONG Greenpeace como un mero maquillaje ambiental; es decir, solo recogieron por encimita la basura.
Como dicen los veracruzanos: Huele a Bueno, camina como Bueno, es Bueno el negocio.
Nos leemos en la próxima.
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